Semblanza de un maestro ejemplar: Rigoberto Lima Choc

Rigoberto Lima Choc

Semblanza de un maestro ejemplar: Rigoberto Lima Choc

 Rigoberto Lima Choc fue un maestro ejemplar de Sayaxché, Petén, a pesar que su vida duró apenas 28 años. Sin embargo, ese lapso, así de breve, le fue suficiente para dejar semilla y ser recordado como ejemplo de abnegación y altruismo. Su sueño desde niño fue el magisterio, y cuando por fin logró obtener una plaza, se dedicó a esa misión, convencido de que en sus manos estaba la posibilidad de un futuro brillante para los niños a quienes impartía el saber.

Sus padres tenían algún grado de instrucción y siempre vieron con entusiasmo los anhelos de su hijo. Es muy probable que ellos le impartieron algunas de sus primeras letras en la casa, ya que su inquietud por el conocimiento era muy notoria desde temprana edad. Pero tan pronto como aprendió a leer bien se aficionó a la lectura y se entregó a la búsqueda constante de medios para ampliar sus conocimientos por su cuenta. De esa manera, la escuela primaria, los básicos y el diversificado fueron pan comido. El día que se graduó de Maestro de Educación Primaria Rural no cabía en sí de satisfacción. “Ahora sí -se decía para sus adentros- tengo el instrumento indispensable para realizar mis sueños.”

Cuando era época de vacaciones, Rigoberto Lima Choc se ganaba la vida en otros menesteres. Unas veces iba al corte del hule, otras se hacía sus “centavos” dedicándose a la pesca en compañía de buenos amigos suyos que le enseñaron el oficio. Y en varias ocasiones, organizó pequeñas escuelitas de vacaciones, mediante las cuales ayuda a los niños que no habían tenido progresos en ciertas materias. En estos casos, no les cobraba ni un centavo por “ponerlos al día”.

El profesor Rigo, como era conocido, sentía verdadera pasión por la matemática, la aritmética y la caligrafía, aunque su especialidad era la lectura rápida. Entre sus alumnos hubo algunos que sobresalieron sobre el resto y, gracias a que sus padres tenían suficientes recursos lograron seguir estudios universitarios en la capital guatemalteca, y hoy se desempeñan como abogados, un ingeniero y un profesor de Enseñanza Media.

Rigoberto Lima Choc no aspiraba a obtener grandes recursos materiales en la vida. Era de esas personas que la disfrutaban teniendo apenas lo necesario para vivir. Era más frecuente que comprara zapatos, calcetines o alguna otra prenda para alguna persona de su comunidad, Champerico, Sayaxché, que para él. Su gran satisfacción era ser saludado en la calle con sincero cariño por sus alumnos, padres de familia y muchas otras personas que nada tenían que ver con el ámbito educativo pero que más de alguna ayuda habían recibido del profesor Rigo.

Una anécdota que muy pocos conocen ocurrió cuando un ejecutivo de una empresa muy poderosa de la capital estuvo de turista por el Río La Pasión y, platicando con la gente, se enteró de la labor que desarrollaba el Profe. Esto despertó su curiosidad y lo buscó hasta contactarlo. Luego de enterarse a detalle de su dedicación a los alumnos, le ofreció gestionar un aporte económico de la firma que representaba, para ayudarlo y como un reconocimiento a su empeño. Como era de esperar, Rigoberto Lima Choc rechazó el ofrecimiento.

Sin embargo, después de unos meses volvió aquel sujeto y le traía al profe Rigo la cantidad de Q5,000.oo como donativo. Muy sorprendido insistió en la no aceptación, pero ante la insistencia y viendo las necesidades de la escuelita donde trabajaba, terminó por aceptarlo. Pero lo que hizo Rigoberto Lima fue distribuir la mitad de ese dinero entre los niños más pobres que asistían a su centro educativo y la otra mitad se la entregó a las autoridades de su centro educativo para que se destinase a mejorar algunos enseres que estaban deteriorados y darle una mano de pintura a las paredes que se habían “descascarado”.

Pero más que hombre afable, sencillo, abnegado y accesible y entregado con amor a su labor docente y a sus tareas alternativas, había dos cosas grandiosas en Rigoberto Lima Choc: una era el don de amar y perdonar, y la otra, su enorme capacidad para observar la conducta humana y formarse un acertado criterio de una persona con sólo conversar un breve rato con ella. Uno de sus amigos le sugirió que todo lo que hacía era muy bueno para otros seres humanos, que ya no había gente como él y que sería muy positivo dejar todas sus vivencias plasmadas en un libro de memorias. Rigoberto Lima Choc, muy tranquilo se limitó a contestar: “Gracias, pero no creo que sea el momento. Las personas que escriben sus memorias es porque ya lo han hecho todo en la vida y no creen que deban hacer más. A mí me falta demasiado todavía por hacer, y mucho más para escribir un libro de esa naturaleza”.

Fue ese amor el que le llevó a ampliar su radio de influencia, dedicando parte de su vida a otras actividades. Llegó a comprender que el impartir clases y forjar nuevas generaciones de muchachos educados estaba bien, pero no era suficiente. Él, a medida que iba creciendo, había caído en la cuenta que su comunidad padecía de muchas deficiencias. Era un pueblecito pobre y abandonado, a donde los servicios les eran esquivos a la mayoría de sus vecinos.

Fue así cómo comprendió que su misión de maestro no podía quedarse limitada a cuatro paredes. Tampoco bastaba con quejarse y esperar una infinidad de tiempo para que las autoridades atendieran las mismas e hicieran algo para atender las demandas. En cierta ocasión -recordaba- presentó una solicitud para que la calle principal de su cantón fuera atendida, debido a que se había formado un agujero enorme en la misma. Tan enorme que todos los vecinos advertían: “Cuidado con el barranco”. En su petición, Rigoberto Lima Choc advertía que este sería un problema mayúsculo cuando llegaran las lluvias. “Lo estoy presentando en buen momento -explicó en la Municipalidad- es inicio de año y faltan como cinco meses para que vengan las lluvias.”

Dicho y hecho. En todo ese tiempo la alcaldía se desentendió totalmente del caso y a finales de mayo, cuando el invierno se desató con furor aquel “barranco” se había convertido en una laguna que impedía totalmente el paso hacia uno y otro lados, porque cubría totalmente el área de circulación que, para colmo, era de tierra. Luego de varias y vanas visitas a la Municipalidad para ser atendidos, finalmente Rigoberto Lima y compañeros cayeron en la cuenta que nunca sería atendidos. “Solo nos queda un camino -manifestó el profe- tenemos que organizarnos para resolver nosotros mismos el asunto. Agarremos carretillas, palas y todas las herramientas que podamos y vamos a ir a traer material para rellenar. La solución está en nosotros”.

Y así fue. Entre todos los vecinos, incluyendo hombres, ancianos, mujeres y niños y durante varios días se dedicaron a tapar aquel enorme agujero con cualquier material imaginable: arena, piedras, palos, discos compactos dañados, pedazos de juguetes inservibles, cueros y muchos objetos más. Al cabo de largas jornadas por fin la cuadra volvió a estar presentable y sobre todo, sin riesgos para los peatones. “Hemos dado una gran lección a las autoridades, pero sobre todo, nos la dimos a nosotros mismos”, exclamó Rigoberto Lima Choc.

Fue la primera de múltiples experiencias en las que su liderazgo salió a relucir y a destacar. Aún no comprendemos cómo es que un hombre tan noble y tan dedicado a servir a los demás, pudo caer asesinado a balazos a manos de un desalmado que no aceptaba que la mujer que amaba se hubiese fijado en Rigoberto. ¡Qué descanse en paz un hombre altruista!

Rigoberto Lima Choc