Ríos contaminados vs contaminación Río La Pasión

Contaminación Río La Pasión

Ríos contaminados vs contaminación Río La Pasión

 Contaminación Río La Pasión. Recién estoy regresando de Estados Unidos, a donde fui a estudiar Economía. No por el hecho de haber nacido y vivir en Sayaxché, Petén se debe asumir que mi familia no tiene recursos para financiar mis estudios. Mis padres han sido agricultores durante muchos años y por ello pudieron hacer el sacrificio. Hoy que vuelvo por unas semanas, me vengo a encontrar con la noticia de que el Río La Pasión está contaminado. Me gustaría ver eso, me digo.

Y es que he tenido la oportunidad de viajar y ver en directo algunos ríos contaminados de varios países. Por eso, a la primera ocasión que se presenta me dirijo al Río La Pasión, ese hermoso e inmenso cuerpo de agua donde jugué y me bañé tantas veces, para apreciar el nivel de contaminación que debe tener. Se han dicho tantas cosas que me duele el sólo imaginar que ahora puede estar convertido en desagüe aquel río de ensueño.

Me recuerdo, por ejemplo, del río Lerma, el cual conocí cuando viajamos a México, en vías de estudio, varios compañeros de la universidad. Este río se encuentra ubicado en Toluca y si de alguna forma se puede graficar su situación, es diciendo que este es un auténtico sinónimo de fetidez, de opacidad absoluta y de generación de sentimientos de derrota para quienes amamos la naturaleza de verdad.

Duele porque, según nos contaron sus habitantes, hasta hace algunas décadas el Río Lerma era un sitio de auténtico placer y descanso. Las familias solían visitarlo para caminar a sus orillas, disfrutar del paisaje de sauces llorando y de una fauna tan variada que incluía, entre tantas otras especies, patos mexicanos, un pez que llaman ajolote, pollas acuáticas (un avecilla del tamaño de una paloma, propia de los humedales y de llamativo pico rojo y amarillo). También abundaban los charales (pececillos que crecen hasta 12 cm y son casi exclusivos de los ojos de agua mexicanos). Es decir, un lugar muy parecido al Río La Pasión… antes de que se contaminara, como dicen.

En el Lerma, además, la contaminación del agua obligó a los campesinos a abandonar sus cultivos. A cambio, junto a los niños y sus mujeres recogen la basura reciclable que encuentran en el río, para después venderla por libra. Mientras lo recorría a pie, fui encontrando toda suerte de desechos: frascos de vidrio, botellas y bolsas plásticas, restos de bicicletas y otros artefactos de metal, platos de cartón, pañales desechables, pedazos de juguetes, trozos de duropor, cartones de pizza y masas indescifrables de otros tipos de basura.

Todo ello, flotando sobre aguas residuales que contienen sustancias químicas, gas metano y una sospechosa contaminación que no se puede ver pero sí oler. ¡Esa es la peor! Resulta inútil cerrar las ventanillas de los automóviles, porque el hedor trasciende de todas formas. Recuerdo que al caminar cerca del río mis amigos se quejaron de que no podían retener ni una sola bocanada de aire que no dejara ese mal olor impregnado. Aún después de darnos un regaderazo, se seguía sintiendo que el olor de la contaminación lo seguía a uno a todas partes.

Me acuerdo muy bien que platiqué con algunos vecinos y, con mucha tristeza, me contaron que han sido testigos de la agonía de un río en un lapso muy breve. Algunos añoran esos viejos tiempos cuando la venta de lo sembrado les permitía lograr un importante consumo personal. Ahora nadie quiere comprar verduras por temor a que estén contaminadas, pero igual tiene que seguir cultivando y tener algunos recursos para comprarse comida que sí pueda ser consumida por su familia.

Otro caso que conocí es el del Río Rimac, en Lima, Perú durante otro viaje académico. Este caso es grave porque se trata del principal proveedor de agua a la capital peruana, pero está gravemente afectado por la contaminación.

Este río nace en Los Andes centrales, a más de cinco mil metros de altitud y atraviesa valles agrícolas muy fértiles y actividades mineras, cuyos efectos va sintiendo a su paso y que contribuyen para que al llegar a la ciudad arrastre consigo residuos contaminantes de toda clase.

Y es que en su cuenca alta el río recibe relaves mineros y aguas ácidas de industrias minero-metalúrgicas. En la cuenca media es la actividad agrícola la que le causa daños, caracterizados por materia orgánica, metales y contaminación microbiológica. En cuanto a su cuenca baja, es decir, la parte urbana, el Rimac recibe todo tipo de desagües, desperdicios, residuos sólidos y químicos de algunas industrias.

Otro factor que lo ha deteriorado es el cambio climático, debido a que han aparecido unas algas que se alimentan del Dióxido de Carbono (CO2) que toman en las excretas arrojadas al río, lo cual las fortalece y reproduce. “Algo así ha pasado aquí, en el Río La Pasión, según recuerdo”, me digo durante el trayecto. Y luego recuerdo que las autoridades peruanas han advertido que recuperar esta fuente de agua tomará alrededor de 10 años y varios miles de millones de inversión.

En eso llego ¡por fin! al Río La Pasión. El Río La Pasión de tantos recuerdos y tanta vida contenida en sus aguas y en las tierras que fertiliza. El Río La Pasión que abunda en su fauna y flora vivientes. El Río La Pasión donde el aire cala hasta el último milímetro de los pulmones. Es entonces cuando caigo en la cuenta de que el Río La Pasión no es cierto que esté contaminado. Con algunos efectos de la vida moderna, pero nada que amenace convertirlo en un Lerma o un Rimac.

Hago una inspección especial y caigo en la cuenta que hasta las empresas productoras de palma africana, como la industria palmera, por ejemplo, han tomado las debidas medidas para evitar que sus desechos lleguen a la cuenca del Río La Pasión. Al contrario, soy invitado a presenciar sus procesos de producción y descubro que se han implementado medidas muy importantes para evitar que las aguas residuales lleguen al suelo y, menos aún, hasta las aguas del afluente.

Por ello, trato de hacer conciencia con todos los que logro conversar para que se preocupen de conservar el Río La Pasión en condiciones aptas para la vida. Que no hagan caso a campañas de desinformación y que apoyen las medidas que empresas como la industria palmera han emprendido, conjuntamente con representantes de la comunidad, para mantener el Río La Pasión en las mejores condiciones de habitabilidad. Sinceramente espero haber sido escuchado.

Y como no tengo mucho tiempo para disfrutar de mi estancia en mi Sayaxché del corazón; en mi Río La Pasión del alma, aprovecho para realizar una excursión hacia la región de Petexbatún, la parte histórica más interesante de toda esta área. Espero vivir bonitas aventuras y relatarlas a mi regreso. ¡Hasta la vista amigos del Río La Pasión!

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