Río La Pasión, Joya de Sayaxché

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 Hablar del río La Pasión, ese hermoso y sinigual edén que corre a la par de Sayaxché y otros municipios de Petén es una misión difícil, por lo indescriptible que resulta toda la majestuosa belleza de su recorrido, sin embargo, haremos el intento de aproximar al lector hacia ese lugar anecdótico e inspirador que, lamentablemente, no aparece entre los destinos turísticos elegidos de este país.

Ello obedece, a no dudarlo, a que el Río La Pasión es un sitio ideal para quien disfruta del turismo de aventura, pero, a la vez, sin alejarse demasiado de ambientes civilizados. Es decir, un lugar donde se pueda entrar en contacto con la naturaleza (algunas veces más de lo que uno imagina) pero al mismo tiempo encontrar fácil acceso a las comodidades del mundo actual. Y, ni modo, hay que reconocer que a muchos turistas les gusta lo tradicional, lo cómodo, lo accesible, lo 5 estrellas.

El Río La Pasión, la joya de Sayaxché es realmente una oportunidad única de vivir algo extraordinario. Usted puede contemplar por ejemplo, el intenso movimiento comercial que ocurre en este municipio, a donde llega una impresionante cantidad de productos y otros tantos son llevados desde aquí a otras regiones, tanto de Guatemala como de otros países y al mismo tiempo, puede disfrutar de naturaleza en su máxima expresión y casi intacta en ciertos parajes.

Para los pueblos antiguos, los Mayas y algunas tribus menores, el río La Pasión tuvo una significación sagrada, quizá comparable al culto que los egipcios le brindaban al Nilo o los hindúes al Ganges o los Yanomamis al Amazonas. Por ello, quien tenga la sensibilidad necesaria, percibirá fácilmente ese aroma místico que emana de los árboles que lo rodean, de los cantos de sus pajarillos polícromos, de las rumorosas aguas de su corriente, de su aire limpio y prístino como pocos en el mundo. Y para mayor asombro de sus visitantes y estudiosos, el río La Pasión presenta áreas pantanosas y al moverse hacia el Este se interna una especie subterránea en la cual desciende un pequeño cerro que conforma grandes y caudalosas aguas de color verde-esmeralda.

Venerado y temido

 Esta corriente de agua no es un accidente geográfico hermoso e interesante nada más. Es todo un remanso de historia. De historia natural y de historia humana. Desde siempre ha sido vital para quienes viven a su vera y han llegado a entender que el Río La Pasión es manantial de vida, porque de él dependen en gran medida para subsistir. De él obtienen la comida, el agua y la fertilidad donde siembran. Tan majestuoso es, que a pesar de que algunos de sus habitantes han nacido y residido en sus cercanías durante mucho tiempo, jamás llegan a descubrir todos sus secretos.

El río La Pasión, sin embargo, permaneció medio oculto para la mayoría de guatemaltecos, hasta mediados del siglo XX cuando se inició un ambicioso proyecto gubernamental que estimuló a la población en las márgenes de los Ríos La Pasión y Usumacinta, lo que trajo consigo la formación de varios asentamientos humanos a las orillas de los mismos.

Por tal razón, dicen los lugareños, a veces esta joya majestuosa se excede al mostrar su poder. Lo supieron de manera muy vívida los habitantes del barrio El Pescador, Sayaxché hace un par de años, cuando una noche silenciosa, oscura y lluviosa se elevó inesperadamente el caudal hasta casi llegar al doble de lo habitual y se desbordó arrasando cuando encontró a su paso. (La Pasión, generalmente, tiene un nivel de 5.80 metros).En ese poblado, las casas fueron anegadas terriblemente y al menos 12 comercios resultaron afectados. Se temía que, de continuar aquella lluvia tan intensa, la situación se volvería muy complicada para quienes viven en la ribera del río La Pasión.

Sin embargo, los más ancianos, sabios como siempre, afirmaban que “estas son cosas de la naturaleza, que no se pueden evitar, a menos que nos larguemos a vivir lejos, pero nuestras condiciones no lo permiten. Así que tenemos que saber que el río La Pasión es fuente de vida, que si vivimos en sus orillas estamos expuestos a que un día se enfurezca. Lo amamos y respetamos pero él también tiene su carácter”, dice don Jenaro López, uno de los patriarcas ribereños. Igual suerte corrieron aquella vez las familias de los barrios La Unión, El Porvenir, Hojita Verde y San Miguel, totalizando unas 490 familias damnificadas, es decir, alrededor de 2, 450 personas.

Magia y verdor por doquier

 El Río La Pasión, por si no lo sabían, se ubica en el municipio de La Libertad, Departamento de Petén, Guatemala. Su trayectoria es de 345 km, nace en las montañas en el Norte del departamento de Alta Verapaz, donde al principio lo conocían como río Chajmaic, pero después le cambiaron el nombre por el de Río Sebol y a medida que se interna en territorio petenero, se le conoce como Río La Pasión hasta llegar al entronque con el Usumacinta, ya cerca de la frontera mexicana.

Debido a este curso acuático, la mayor parte del municipio de Sayaxché forma una planicie aluvial de los Ríos La Pasión, Salinas y Usumacinta, conjunción que se conoce también como “Cuenca

Sedimentaria de Petén” y que, según los entendidos, se trata de una formación que se remonta a los períodos Cretácico y Terciario. Estas tres cuencas hidrográficas (La Pasión, Usumacinta y Salinas) pertenecen, además, a la vertiente del Golfo de México, las cuales durante su trayecto forman lagunas, riachuelos y arroyos, siendo la laguna Petexbatún la de mayor importancia.

Por si fuera poco, todo este encanto natural que conforma el Río La Pasión sirve para mucho más que contemplarse. Sayaxché tiene suelos de feracidad incomparable, cuya profundidad es de entre 15 y 20 centímetros en el centro del municipio, pero en las cercanías de los ríos La Pasión y Salinas y en la Laguna Petexbatún alcanzan hasta 50 y 60 centímetros o incluso más. A causa de esto, los suelos presentan una alta productividad para la agricultura tanto de autoconsumo (el rendimiento promedio del maíz es de 50 a 70 quintales por hectárea) como la agricultura de tipo extractivo, y también favorable para la crianza de ganado bovino y actividades forestales.

Todo lo anterior, sin mencionar que el Río La Pasión acoge a varios de los principales sitios arqueológicos de Petén, tal el caso de las ciudadelas mayas Ceibal, Aguateca, Dos Pilas y Cancuen, pero eso será motivo de otra historia.