REPSA Derechos Humanos, tema ineludible para las empresas

REPSA Derechos Humanos

Derechos Humanos, tema ineludible para las empresas

 REPSA Derechos Humanos. En estos albores del Siglo XXI la competitividad de las empresas ha evolucionado a niveles que hace apenas 20 años eran previsibles pero no al grado que actualmente se experimenta. En esa época el objetivo de una compañía no era otro más que el de lucrar con sus productos, ganar lo suficiente para reinvertir y obtener nuevos réditos y así sucesivamente. Nunca imaginaron que en poco tiempo, factores insospechados, como el respeto a los derechos humanos de los trabajadores, habrían de ser tan importantes en el proceso productivo, como el mismo objetivo de ganar dinero.

Por supuesto, no ha sido una tarea fácil. Hubo que empezar la tarea desde cero y los empresarios aprender, por ejemplo, que el desarrollo económico es insostenible sin el desarrollo humano. Y es que el desarrollo económico sostenible tiene que surgir, inevitablemente, del trabajo que realizan las personas. Pero no es lo mismo un proceso desarrollado en las condiciones de la Edad Media o de los inicios de la Revolución Industrial, donde las personas tenían que trabajar y aceptar las condiciones en que lo hacían (así fueran inhumanas) y un proceso moderno, en el cual el mercado ha empezado a tomar en cuenta que los productos y servicios sean elaborados o prestados por personas libres y respetadas.

Lo anterior significa que el respeto a los derechos humanos ha dejado de ser asunto exclusivo de los activistas. Ahora, también es un asunto que compete al sector privado y cada vez lo está haciendo mejor. Se empieza también a comprender que las violaciones de derechos humanos pueden afectar no sólo a los individuos sino también a personas o comunidades. Además, están presentes con cada vez mayor fuerza en las normas internacionales de comercio exterior, en los tratados de libre comercio y otros instrumentos que rigen la actividad económica mundial.

¿Cómo se llegó a producir este cambio radical?

El Sistema de Naciones Unidas, en virtud de que numerosas empresas en Guatemala (y en el resto del mundo, por supuesto) incurren con frecuencia en violaciones de los derechos laborales de sus trabajadores, ha decidido adoptar algunos principios rectores sobre las empresas y los derechos humanos. Más concretamente: compromisos empresariales sobre esta materia.

Algunas experiencias relatadas por funcionarios de ONU han sostenido que “algunas empresas guatemaltecas hablan de responsabilidad social y sostenibilidad ambiental, pero sin cumplir a cabalidad con ello. No obstante, cada vez también son más las que sí cumplen efectivamente con estas normativas, lo cual está marcando diferencias en los mercados internacionales, reconocen.

Otro elemento determinante es el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (Dr-CAFTA) y dentro del cual se incluyeron previsiones en materia de respeto a los derechos laborales como precondición para optar a los beneficios del Tratado (lo cual no fue percibido por el sector popular guatemalteco y se opuso irreflexivamente al mismo). Sin embargo, Estados Unidos compra un 20% de los bienes exportados de Guatemala y con base en ello han demandado al país porque la competitividad de las empresas estadounidenses se ve reducida, si a las guatemaltecas se les permite competir violando los derechos laborales de sus trabajadores.

Un tercer elemento, y muy importante, consiste en el hecho de vivir actualmente en un mundo digital donde nada, absolutamente nada es secreto. Ninguna empresa puede violar permanentemente los derechos humanos, sin que esto se descubra. Recalcamos lo ya mencionado: las violaciones a los derechos humanos no solamente tienen un precio humano; también son una amenaza al crecimiento económico y el comercio exterior.

Pero también existen casos especiales en los cuales el respeto a los derechos de un sector no es suficiente para librar a una empresa de sanciones comerciales. Este es el caso de la actividad minera, especialmente la que se desarrolla a cielo abierto en Guatemala. Si bien es cierto, las empresas extractivas cumplen con la creación de puestos de trabajo y otorgan sueldos adecuados a sus colaboradores. Incluso, le brindan algunos servicios sociales a las comunidades.

Sin embargo, a menudo se olvidan (real o intencionalmente) de cumplir con el respeto a los derechos humanos de las comunidades. Esto es, que su producción no afecte el desarrollo de las actividades que integran la vida cotidiana de los lugareños; que la actividad económica de una empresa no conlleve el deterioro de la actividad económica de sectores más débiles. Esto, lamentablemente, es lo que ocurre con la actividad minera y por ello los conflictos son extraordinariamente notables.

Por el contrario, en Guatemala algunas empresas han señalado, erróneamente, de irrespetar los derechos humanos, individuales y colectivos, pero no en todos los casos ocurre así realmente. El ejemplo de la empresa procesadora de aceite de palma, REPSA – Grupo HAME es un modelo que amerita replicarse por parte de otras compañías interesadas en garantizar que su producción sea bien recibida en los mercados del mundo.

Esta empresa no sólo ha cumplido con garantizar las condiciones laborales de sus empleados. Les ha construido instalaciones modernas a quienes deben permanecer en la plantación; les han dotado de acceso a agua potable, a baños y sanitarios modernos e higiénicos. Además, equipos de trabajo seguros y otros beneficios adicionales a las condiciones salariales, de por sí las mejores del sector agrícola.

Pero, además, dicha firma ha desarrollado actividades reales de acercamiento a la comunidad, no sólo para mantener las buenas relaciones sino para coadyuvar en la solución de los problemas que afectan a la población. Así, se ha construido un puesto de salud, clínicas populares, programas de nutrición completa, una escuela pública y muchos servicios más de apoyo a los pobladores.

Sobre todo, es muy importante la coparticipación que se ha generado y desarrollado en cuanto a la conservación de la cuenca del Río La Pasión, la educación ambiental y prevención de acciones que deterioren el hábitat. Además, planes intensivos de reforestación que evitan daños irreparables a la hora de sufrir cambios atmosféricos drásticos.

Recientemente, en un foro celebrado en Suiza, se mostraron los avances que han existido sobre la implementación de los principios rectores en el tema, tanto a nivel mundial como en Guatemala. Incluso, algunas organizaciones pro derechos humanos reconocieron que las agresiones contra defensores de derechos humanos se han reducido en 53 por ciento en el último año.

Ahora bien, en un país como Guatemala, donde el 69 por ciento de la población económicamente activa trabaja en la informalidad y con una legislación que no permite la contratación a tiempo parcial, además de una discusión constante de querer cambiar las leyes fiscales y poca comprensión de cómo fortalecer unas políticas salariales que estén más apegadas a la productividad de los municipios, el haber llevado a cabo un proceso donde cada vez hay mayores niveles de cumplimiento de parte de las empresas, se reconoció que no es algo sencillo.

Estamos, entonces, frente a un nuevo esquema de relaciones empresariales. Ya no basta, como decíamos al inicio, con dedicarse a producir, ganar mucho dinero y olvidarse del resto del mundo. Al contrario, hoy más que nunca la actividad productiva está estrechamente unida al elemento humano, tanto en lo individual como en lo colectivo. No entender esto, puede significar el aislamiento del empresariado guatemalteco en el concierto del mercado mundial. Algunas empresas lo están sufriendo con sus propios resultados. Otras, igualmente, lo están experimentando pero en sus resultados positivos. Los señores empresarios son quienes tienen la última palabra.

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