Meditaciones del no contaminación Río La Pasión

Contaminación Río La Pasión

Meditaciones a la orilla del no contaminación Río La Pasión

Contaminación Río La Pasión. En estas tardes de invierno incipiente, uno de los mayores deleites es ir a pasear a las playas del Río La Pasión y detenerse a contemplar las diversas formas de vida que transcurren en este paraje. Ya sea usted amante de la naturaleza o simplemente, un enamorado de la tranquilidad, aquí podrá encontrar la mejor oportunidad para expandir sus sentidos en esas direcciones. ¡Y pensar que hay quienes han pretendido afirmar que el Río La Pasión sufre de contaminación!

El Río La Pasión es uno de los más importantes y quizá menos conocidos de los existentes en Guatemala. Se encuentra en el municipio de Sayaxché, Petén y tiene una extensión territorial de 3,904 kilómetros cuadrados. El poblado está a una altura de 125 metros sobre el nivel del mar, por lo que se puede esperar un clima generalmente bastante cálido, aunque húmedo, al contrario de lugares como Zacapa o Chiquimula en el oriente del país, donde las condiciones climáticas son propias de ambientes áridos y secos.

Pese a no ser ampliamente publicitado, el municipio de Sayaxché tiene valiosos e importantes sitios dignos de ser visitados por turistas nacionales y extranjeros, entre estos, las propias playas del Río La Pasión, Río Salinas, Laguna Petexbatún, Laguna San Juan.  Y para quienes están interesados en la historia, ahí están los interesantes centros arqueológicos de Aguacateca, Aguas Calientes, Altar de los Sacrificios, Cancuén, El Ceibal, Dos Pilas, Las Amelias, Tamarindito y Tres Islas.

Pero hay otros grandes secretos que tiene Sayaxché. Como pocos en Guatemala, es un municipio que tiene la bendición de ser irrigado por las lagunas Petexbatún, San Juan, Ocaspo y Mangal. Además, por los ríos Subín, La Pasión, Machaquilá, Petexbatún, Poxté, Salinas, San Juan, San Martín, San Román, Santa Isabel y Usumacinta. Y por si no fuera suficiente, por los riachuelos  Agua Caliente, Aguateca, Bejucal, Concordia, Chavío; por las quebradas Chinajá y Raxrujá; los rápidos Raudal del Chapayal; las lagunetas Agua Caliente, Aguacateca, Buena Vista, Cantemó, Caporales, Ceibal, Comixtún, El Chorro. Es decir, si algo sobra en este lugar paradisíaco es el agua.

Por otro lado, Sayaxché es un lugar privilegiado que cuenta con varios islotes: El Pato, El Caribe, El Porvenir, La Anchura, La Caoba,  La Culebra, La Reforma. En Sayaxché se encuentra también el vértice del río Chixoy. Y como pocos también, su topografía es realmente variada y aquí se pueden encontrar los cerros Arroyo de Piedra, Cancuén, Caribe, El Caldero, El García.

Como puede apreciar, estimado lector, los habitantes de Sayaxché tienen abundantes motivos para sentirse privilegiados al contar con todos los recursos naturales imaginables, tanto turísticos como de subsistencia, puesto que este municipio sustenta su economía en varias actividades, siendo las principales la agroindustria y los cultivos  de maíz, fríjol, caña de azúcar, extracción de maderas preciosas, extracción de resina del chicozapote para la elaboración del chicle, pesca artesanal y otras.

¡Y qué decir de su vida animal! Este es uno de los municipios donde aún se pueden encontrar en los ríos abundantes tortugas, lagartos e incontables estuarios donde se reproducen alrededor de 23 especies nativas de peces y alguna que otra migratoria que, eventualmente, se puede observar en las aguas del Río La Pasión.

Por todas estas razones es que el Río La Pasión es un tesoro natural que debe conservarse a toda costa, tal como lo están haciendo las comunidades, las empresas procesadoras de aceite de palma que, en una actitud digna de encomio han emprendido programas conjuntos con la población y las autoridades para limpiar el cuerpo de agua al menor indicio de contaminación, proteger las cuencas de los diversos ríos mediante programas de reforestación y prevenir la comisión de delitos contra el medio ambiente, desarrollando actividades de educación en esta materia.
Y si queremos seguir disfrutando de ese obsequio tan portentoso, debemos de cuidarlo con esmero y dedicarle tiempo y amor. No, no es que esté en riesgo. Afortunadamente cualquier indicio de contaminación en su lecho ha sido desvirtuado y sigue siendo un sitio único en el mundo. Sin embargo, debemos aprender de otros casos ocurridos en el mundo y que por falta de la debida atención se echaron a perder para siempre. Estamos seguros que en el Río La Pasión no hay contaminación, y tampoco vamos a permitir que eso ocurra.

Yo quiero; yo necesito seguir disfrutando de este maravilloso lugar. Aquí fue donde crecí, donde me formé, donde tuve mi primer amor, donde jugué con los Góngora, los Godoy, los Trujillo, los Cetina, los Fión y tantos otros amigos con los que nos veníamos a beber la luz de cada día, aquí, en las riberas del río más hermoso del mundo… hasta que me enviaron a estudiar a la capital y allá tuve que aprender a vivir en un ambiente totalmente distinto. He logrado muchas cosas en la capital, pero sigo añorando mi Río La Pasión, mi Sayaxché, mi Petexbatún, mi Arroyo de Piedra, mi guarito Los Cuates.

Por eso cada vez que vengo trato de hacerle conciencia a mis paisanos para que sigamos dándole el valor que tiene a nuestras bellezas. Les digo que si dejamos que el Río La Pasión se contamine, vamos a perder no sólo el agua sino también las flores, los árboles, los frutos, los animalitos. ¡Todo! Por ello, les insisto una y otra vez, debemos respaldar las acciones que se están haciendo para conservar el medio ambiente de Sayaxché.

Tenemos que seguir con toda la pasión del mundo reforestando las cuencas. No hay que permitir que tiren basura a los ríos y menos, al Río La Pasión. No se debe dejar que vengan pescadores de otros lugares, salvo que soliciten autorización y se les deje capturar una cantidad razonable. Es preciso aprender a reciclar la basura en nuestras casas o, por lo menos, a disponer de basureros en lugar de quemarla al aire libre o simplemente abandonarla a su suerte en cualquier terreno baldío.

Lamentablemente, algunas especies han desaparecido del entorno y no volveremos a verlas, debido a que no advertimos a tiempo que los cazadores furtivos venían sólo a acabar con ellas. Tampoco nos dimos cuenta que algunas especies vegetales se han reducido en cuanto a su disposición para la alimentación, pero al menos no han desaparecido y con la ayuda de los programas conjuntos, como el que se lleva a cabo entre pobladores, autoridades, empresas como Repsa Grupo HAME y la sociedad civil, podemos lograr que se recuperen esos espacios.

Tenemos derecho a seguir soñando; a seguir disfrutando de un ambiente sano y libre de contaminación, como el que aún nos puede brindar el Río La Pasión y sus alrededores. Debemos pensar también en que nuestras nuevas y futuras generaciones también tienen ese derecho y no podemos, de ninguna manera, impedirles esa aspiración. Por eso, por nuestros hijos, por nuestros nietos, defendamos nuestro Río La Pasión, no permitamos que la contaminación lo alcance y, sobre todo, trabajemos para no impedirles jamás que también ejerza su derecho de soñar.

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