Leyendas inspiradas en el río La Pasión

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La tradición oral del municipio de Sayaxché, Petén es sumamente extensa en historias, aunque la mayoría de estas sólo se han transmitido -y se siguen transmitiendo- de boca en boca. Ningún escritor, lamentablemente, se ha preocupado de recogerlas y plasmarlas en documentos escritos para que se conozcan en otras regiones del país y en otros lugares del mundo. Mientras eso llega, se seguirán trasladando de la misma manera, de generación en generación y de pueblo en pueblo.

Así las aprendió Don Catarino, el campesino anciano y sabio. Tan anciano, dice, que conoció el río La Pasión cuando apenas era un riachuelo. Lo cierto es que ha crecido junto a este hermoso cuerpo hídrico, al cual ama tanto como a su propia familia. “Esta ha sido mi casa de toda la vida y nada de lo que aquí ha ocurrido tiene secretos para mí”, afirma con mucha entereza.

Y tal como acostumbra, una noche pudimos conocer varias de sus leyendas o “cuentos reales” como él les llama, mientras degustábamos un buen pocillo de café y comíamos pedazos de pez blanco recién sacado del río La Pasión, ese que decían las malas lenguas que estaba contaminado y que nunca se iba a recuperar la fauna piscícola. “Ganas de hablar de la gente. Cada semana nos comemos un pescadito de estos, bien grande, y nada nos pasa. Allá ellos si se lo pierden”, dice con mucha seguridad.

“Cuenta la leyenda”, empieza don Catarino. “Que existía un hombre llamado Balam Yaax, en la tribu de los de Dos Pilas, que era un buen guerrero pero al contrario de la mayoría de los soldados mayas, tenía un corazón manchado por la maldad. Esto enojaba mucho a su padre Hunab Muyal, rey de la tribu, porque era un hombre “de muy grande corazón”. Aún era muy pequeño cuando mató a su primer conejo a fuerza de pedradas. Poco después, le arrancó media cabellera a Kaknab, su hermana menor, y a otro niño le había vertido una tinaja de agua fría mientras dormía. Sin contar las cosas que le hizo a los perros, a los cuales ataba a un árbol en las orillas del río La Pasión y los dejaba abandonados a su suerte, hasta que un jaguar o un coyote llegaba y lo convertía en su almuerzo.

Pero Hunab Muyal no era el único descontento con esta conducta del muchacho. Poco a poco, abusando del poder que le daba el hecho de ser el principe heredero, había sometido a numerosos muchachos de la tribu a castigos inmerecidos, robaba la comida de cualquier casa que encontraba en su camino y había poseído a más de una docena de doncellas, dejándolas abandonadas o mandándolas a matar cuando ya no le gustaban.

Un día que su padre había salido a negociar con la tribu de Machaquilá, Balam Yaax se dijo a sí mismo que era más poderoso que el rey y que no le temía siquiera a los dioses. Así, en un abierto desafío a ambos, sin mayor motivo, ordenó ejecutar a todos los que consideraba enemigos dentro de su tribu, respetando sólo a los que servían junto a él en el ejército. Así se hizo, causando una enorme masacre que hizo llorar a muchas familias sin necesidad. Dice la leyenda, continuó don Catarino, que los dioses se enfurecieron grandemente y otro tanto ocurrió en el ánimo del rey Hunab Muyal, quien al regresar y enterarse de lo que había ocurrido lo maldijo sin piedad. Los dioses decidieron castigarlo y un día, mientras se encontraba pescando en el río La Pasión provocaron una tempestad increíble que en cuestión de segundos hizo crecer el caudal y arrastró la canoa en que se encontraba corriente abajo, hacia donde navegó durante varios días, en dirección a Yucatán. Cuando hubo transcurrido algún tiempo y en vista que la tempestad no cesaba, Balam Yaax intentó salvarse lanzándose al río, pero fue alcanzado por un rayo lanzado por los dioses. Su cuerpo fue llevado de regreso al río La Pasión, pero al llegar se transformó en un pez que se conoce como Pez Diablo. Desde entonces, Balam Yaax vive en las profundidades de las aguas y sale sólo a alimentarse de la podredumbre que se acumula en las piedras del río.

Leyenda del Hombre Canche

Otro de los cuentos o leyendas que le escuchamos a Don Catarino es la que él llama “La Leyenda del hombre canche”. “Según cuenta la leyenda -empieza el narrador- una vez apareció por estas selvas un hombre canche, que nadie supo de donde venía ni cómo apareció. Él sólo decía que era el guardián de los bosques y de los animales. El caso es que todos se rendían ante él, animales y hombres. Con su largo pelo color de fuego y sus ojos verde esmeralda, no había quien se resistiera a sus órdenes. Decían que a todo aquel que cortaba árboles sin necesidad o que cazaba animales por diversión, le iba muy mal. A los que depredaban la vegetación, los emboscaba y aparecían amarrados con las propias ramas de los árboles que pretendían cortar. A los cazadores se les presentaba en forma de venado o jabalí y cuando lo seguían él se encargaba de perderlos y los llevaba hasta las orillas del río La Pasión, donde los arrastraba hasta el fondo y perecían ahogados.

Un día el hombre Canche llamó a los animales y les  dijo que tenían que aprender a cuidarse solos, porque a él lo enviaban los dios a unas selvas lejanas donde estaban matando muchas especies y había que evitar que todos murieran. “Tienen que cuidarse, pero voy a volver un día de estos cuando haya cumplido mi misión”, les dijo. Desde entonces, dicen que por eso es que las aves graznan con tristeza y los felinos rugen en la noche. Es porque están llamando al Hombre Canche para que regrese a salvarlos por la persecución que están sufriendo.

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río La Pasión, Sayaxché