Historia de río La Pasión, Sayaxche

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Conozcamos la evolución histórica de Sayaxché. 

 Contaminación Río La Pasión. Sayaxché, municipio del departamento de Petén, Guatemala, llama poderosamente la atención, debido a la pujanza que poco a poco ha ido adquiriendo, tanto por las actividades económicas como por el desarrollo social que estas han generado entre su población. Por ello, es importante darle seguimiento porque dentro de algunos años será uno de los centros poblados con progreso notable en el país.

Veamos un poco de su historia, para comprender mejor cómo ha sido la experiencia de un lugar que hasta hace unos pocos años parecía un rincón aislado y sin muchas esperanzas de conquistar un futuro promisorio.

Para empezar, Sayaxché viene del q’eqchi’ Sayax, que significa “horqueta” y ché que significa “ceiba”. Es uno de los 340 municipios de Guatemala, aunque durante mucho tiempo fue una aldea del municipio La Libertad. Sin embargo, se cree que hace alrededor de 3,500 años que se asentaron las primeras comunidades humanas en este territorio, principalmente los choles, quienes construyeron las ciudades mayas y esculpieron muchos de sus monumentos en el período clásico de esta civilización (250-900 d de C).

También existieron otros grupos mayas que vivían alrededor de los lagos y a lo largo del trayecto de los ríos. Antes de la conquista, el Petén contaba con una población considerable, conformada de diferentes pueblos mayas, en particular alrededor de los lagos centrales, como los itzaes, y a lo largo de los ríos como los quejaches y los ya mencionados choles, incluso los lacandones que estaban vinculados genéticamente a estos.

Durante muchos años -centurias sería lo correcto- la vida de esta civilización transcurrió entre sus habilidades comerciales, sus asombrosas capacidades científicas que los llevaron a crear un calendario, a calcular los ciclos lunares y a descubrir el cero y a desarrollar su vocación para la guerra. Y si en el caso de los señores de Tikal solían tener enfrentamientos sangrientos con otros pueblos que pretendían disputar su hegemonía, nada se comparaba con lo ocurrido aquel año de 1525.

Fue un soldado de nombre Hernán Cortés quien ingresó primero en territorio petenero. La expedición que trajo desde México -donde ya había dejado huella indeleble de la crueldad que no disimulaba sus apetitos conquistadores- era impresionante, según los relatos de los cronistas. Así, al llegar a la primera mitad del siglo XVI, España ya había establecido colonias en lugares vecinos a Petén, como Yucatán al norte y Guatemala, al sur.

A partir de 1596 fueron los misioneros españoles quienes entraron a dar su aporte para consolidar la administración colonial en el extremo sur del Petén como parte de las llamadas Capitulaciones de Tezulutlán (los acuerdos firmados el 2 de mayo de 1537 por fray Bartolomé de las Casas y Alonso de Maldonado para conquistar de forma pacífica los territorios de Tezulutlán -lo que después sería Alta Verapaz, Guatemala- y la Selva Lacandona, comprendidos entre la Capitanía General de Guatemala y el Virreinato de Nueva España (México).

Durante años el proceso de colonización pacífica avanzó sin mayores incidentes, hasta que en 1622 una expedición militar que salió de Yucatán con la mira de ampliar el dominio español. Esta era encabezada por el capitán Francisco de Mirones y acompañada del fraile franciscano Diego Delgado. Sin embargo, el intento resultó una masacre para los españoles al ser masacrados por los itzaes. En 1628, los choles del Manché (otro de los grupos mayas de Sayaxché) fueron puestos bajo la administración del gobernador colonial de Verapaz, como parte de la Capitanía General de Guatemala. Cinco años más tarde, en 1633, los choles del Manché se rebelaron infructuosamente contra el dominio español.

En 1695 partió desde Guatemala otra expedición militar rumbo al lago Petén Itzá, la cual fue acompañada por misioneros provenientes de Mérida. Finalmente, en 1697 tuvo lugar la expedición encabezada por Martín de Urzúa, quien salió de Yucatán y que, a la postre, habría de representar la derrota final de los reinos independientes de Petén y su incorporación al Imperio español.

Los grupos de la etnia q’eqchi’ fueron los últimos en asentarse en la zona del río La Pasión, a mediados del siglo XIX. Esto obedeció a que por aquellos años empezó el auge de la exportación de madera en Sayaxché, actividad económica que se valía de las aguas del río Usumacinta y sus afluentes para transportarlos hasta Tenosique, México, lo cual atrajo nuevos pobladores al campamento de Sayaxché (aún no tenía la categoría de aldea) no sólo de origen guatemalteco sino también de España, Turquía, Cuba y Colombia entre otros. Sin embargo, si bien la actividad forestal dinamizó la economía local, ésta tampoco propició el progreso del sector. La primera escuela primaria de la localidad apenas comenzó a funcionar en una casa abandonada, propiedad de una empresa maderera que se encontraba en el centro de la población en 1922 y sólo funcionó allí hasta 1925.

Después de operar como campamento maderero, Sayaxché se convirtió en aldea del municipio de La Libertad. Lamentablemente para sus comunitarios, la topografía que no facilitaba la comunicación tuvo que permanecer por mucho tiempo en tales condiciones, las cuales le obligaban a permanecer aislada del resto de Petén. Sin embargo, el ser humano sabe enfrentar las dificultades que se presentan en su vida y esto fue lo que hicieron los pioneros de la región, al emprender relaciones comerciales con México utilizando las vías fluviales de los ríos La Pasión y Usumacinta y La Pasión. No obstante, su dependencia de La Libertad le significaba un obstáculo, debido a que era en dicho municipio donde se nombraba a las autoridades auxiliares ad honorem y eran los encargados de los asuntos administrativos y judiciales, aunque su presencia en Sayaxché era excepcional debido a las grandes distancias que le separaban de la Libertad. Finalmente, los pobladores solicitaron al gobierno central reconocer su independencia de La Libertad, acto que les fue otorgado por el gobierno del general Lázaro Chacón el 30 de diciembre de 1929.

Sayaxché es refugio de una gran variedad de vida silvestre y de vestigios arqueológicos, entre unos y otros destacan la laguna de Petexbatún, San Juan Acul y el parque nacional de El Rosario así como los sitios arqueológicos de Ceibal, Aguateca, Dos Pilas y Cancuén, entre otros. Sin embargo, su verdadero despegue tiene lugar hasta hace apenas una década, cuando llega al lugar la actividad económica relacionada con la producción de aceite de palma y ello genera importante generación de puestos de trabajo, desarrolla otros sectores económicos (comercio, transporte, hoteles, etc.). Paralelamente, la educación del municipio mejora considerablemente y Sayaxché hoy cuenta con diferentes establecimientos educativos en todos los niveles. El área central alberga a las extensiones universitarias que funcionan en el departamento de El Petén, incluyendo a la de la Universidad de San Carlos de Guatemala, la Universidad Panamericana de Guatemala, y la Universidad Mariano Gálvez.

Es decir, en pocos años Sayaxché pasa de ser un lugar olvidado a un sitio donde la modernidad se mezcla de manera armónica con la naturaleza.

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