Carta sobre la contaminación rió la pasión

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Carta de un abogado de Sayaxché sobre contaminación río la pasión

 Señores de los medios de comunicación:

contaminación rió la pasión. Soy vecino de Sayaxché, Petén, lugar al que ustedes han puesto en boca de la opinión pública, no para destacar las bellezas naturales que tiene este lugar, tampoco para enfatizar en la laboriosidad de sus habitantes. Mucho menos, para invitar a los turistas a que vengan a disfrutar de un sitio verdaderamente encantador. Nunca he leído, por ejemplo, algún reportaje donde se privilegie lo más granado de nuestra historia, como son los increíbles vestigios arqueológicos de la cultura maya que se ubican en los alrededores de este pujante municipio. Tampoco hemos tenido la suerte (porque eso vendría siendo: una suerte) de que se publique alguna pieza periodística que exalte los valores naturales que caracterizan a nuestro maravilloso Río La Pasión.

No, desde junio de 2015 ustedes se han dedicado a divulgar sólo cosas oscuras, sesgadas y terribles acerca de Sayaxché y del Río La Pasión. Han insultado la inteligencia de sus lectores, radioescuchas, televidentes e internautas, esparciendo noticias que no son, exagerando lo que escuchan y han privado a posibles visitantes que ansían conocer un lugar fuera de lo común, como este paraíso que tenemos en Guatemala.

Para ustedes lo importante es vender noticias. Por eso, de manera antiética e inmisericorde, tiñeron de amarillo las aguas del Río La Pasión, cuando un grupo de personas infames echaron a rodar la bola de que se había producido una terrible matanza de peces de este afluente y culparon de ello, sin siquiera haberla escuchado, a una compañía agroindustrial que opera en este sector, a la cual señalan de haber dispersado un agroquímico que hace muchos años no se utiliza en ninguna parte del mundo.

Luego de eso, vinieron otras historias más terribles aún. Para ustedes, este hecho no se quedaría en la muerte de los pececitos, sino sería el responsable de que se acabara la vida acuática y que los pobladores que habitan en los alrededores y los pescadores que viven de su actividad artesanal, quedarían condenados a no tener acceso, probablemente nunca más, a los recursos acuáticos que provee La Pasión. ¡Sólo faltó que dijeran que al mes siguiente tendría lugar el Apocalipsis!

También publicaron cosas como: “más allá de lo visual existen efectos de alto impacto como la alteración completa de las redes de interacción y las cadenas alimenticias, indispensables para el funcionamiento del ecosistema y la existencia de la pesca”. Y agregaron que: “ Otros efectos son el deterioro de la calidad de agua, turbidez, incremento de algas y materia orgánica en el sistema, por falta de organismos que se alimentan de ello. “Una mortandad de esta magnitud afecta el potencial de desove a futuro. Esto, en términos prácticos, podría indicar que no hay suficientes adultos reproductores para mantener la pesca en los siguientes dos a cuatro años, y la recuperación dependerá de muchos factores, por la complejidad del sistema”, advirtieron los expertos hace unos meses. (Ojo: no citaron a qué expertos se referían, salvo si se considera “experta” a la fiscal de delitos contra el ambiente del Ministerio Público, cuyos conocimientos jurídicos es difícil de creer que abarque también los aspectos biológicos, químicos, climatológicos y toxicológicos).

Ustedes, por supuesto, en su función periodística en ningún momento se acercaron a la población a preguntarles al respecto. De haberlo hecho, habrían escuchado que la muerte de peces es algo que ha ocurrido varias veces en el Río La Pasión, pero nunca por causas de haberse vertido veneno en sus aguas. Y curiosamente, tampoco han publicado los informes científicos que descartan semejante posibilidad.

Tampoco se acercaron para indagar acerca de cómo es nuestra relación con la empresa procesadora de palma africana, a la cual le endilgan injustamente la responsabilidad. Sabrían, por ejemplo, que gracias a su apoyo podemos enviar a nuestros hijos a estudiar y que la salud, en general, ha mejorado sustancialmente porque los médicos de la compañía le dan asistencia en casos de urgencia; les llevan control de talla y peso a nuestros niños, les proveen de vacunas, de orientación nutricional y alimentos a sus padres.

Y como no me preguntaron, es muy grato para mí aprovechar la oportunidad para contarles que, gracias a que mi padre fue contratado para trabajar en la plantación, hoy puedo firmar esta carta, no como el campesino común y corriente que estaba destinado a ser, sino como Abogado y Notario, gracias a que el trabajo de mi papá permitió que me pagara estudios universitarios, primero en el Centro Universitario del Norte y después en la capital. Así me gradué y ahora ejerzo mi profesión con todo orgullo y dignidad.

Pero, como repito, ese no era mi destino. Yo había abandonado la idea de seguir estudiando, cuando terminé de sacar la educación primaria. Después, con grandes esfuerzos, me gradué de Perito Contador, pero no había posibilidad para seguir adelante. Fue entonces cuando mi padre entró a la plantación y, con su esfuerzo más una beca que me consiguió uno de los Gerentes pude seguir estudiando. Cuando llevaba tres años de la carrera, fui contratado también y las cosas mejoraron mucho más.

Por supuesto, no fui el único caso en la comunidad. Otras familias han mejorado sus niveles de ingreso y muchos han ido avanzando en sus estudios y consiguiendo mejores posiciones. Claro que, entiendo, esto a ustedes no les interesa en lo más mínimo. Ustedes, suscriptores del discurso ecohistérico, seguramente desearían que Sayaxché fuera el mismo abandonado lugar de antes, cuando el progreso era una idea apenas factible de concebir en la mente de sus pobladores.

No terminan de aceptar que nuestra vida cambió para bien y que podría estar mucho mejor, si ustedes, en lugar de posicionar discursos de odio abrieran sus espacios para conocer la verdad. Así sabrían que el Río La Pasión no concentra más contaminación que aquella ocasionada por las normales actividades que tienen lugar en sitios donde convergen los seres humanos. Sabrían, también, que la desinformación propicia el ausentismo de quienes podrían contribuir a mejorar nuestra economía y a tener una mejor calidad de vida.

Pero, en fin. Entiendo que en nuestro país es muy difícil que las élites de los medios acepten sus errores. Bueno, nadie o casi nadie los acepta hoy por hoy. Solo espero que mediten en lo que les digo en esta carta. Una carta escrita por un Abogado, que bien pudo nunca haber podido expresar su pensamiento, de haber permanecido en las condiciones que vivía en su pueblo… hasta antes de que llegara la esperanza de progreso que hoy tenemos.