Arqueologia en río La Pasión, Sayaxché Pt. 2

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Arqueología olvidada en el río La Pasión, Sayaxché. El caso Machaquilá

Sin duda para usted, con ese espíritu de explorador que se gasta, sería una emoción increíble dejarse llevar por sus instintos e internarse en la espesura de la selva petenera, y descubrir un poco de lo que tantas veces ha leído o visto en documentales: el rumor de los árboles cuando el fuerte viento mece las ramas de los altos guayacanes, el alarido inclemente de los saraguates, el lánguido y a la vez estruendoso canto del tucán o el acre olor a orines de jaguar.

Y luego de un buen trecho, ¿cómo le parece sentarse a la ribera de un riachuelo, aspirar el aire puro, llenar sus ojos de celeste cielo, observar el nervioso olfateo de los peces cuando salen a la superficie e, inevitablemente, comparar toda esta bendición con la monotonía de su mundo artificial?

Pero no es todo. ¿Cómo le parecería dejarse llevar aún más y, de pronto, al apartar las ramas de los árboles, que aparezca ante su atónita mirada un grupo de piedras talladas y que hasta entonces no han sido descubiertas? ¡Para morirse de la emoción, verdad!

Pues bien, algo similar debió experimentar Alfonso Escalante, trabajador de la Union Oil Company cuando en 1958 encontró las primeras tres rocas que delataban la existencia de un emplazamiento maya en las cercanías. Él no lo sabía pero recién acababa de descubrir las ruinas de Machaquilá, otro de los sitios arqueológicos cercanos al río La Pasión, Sayaxché, aunque hoy nadie le otorgue ese crédito.

Machaquilá es un sitio maya perteneciente al período clásico, que alcanzó su máximo esplendor en el siglo IX. Está localizado al noreste del sitio arqueológico de Cancuén y 30 kilómetros al este de Seibal. Lamentablemente, se conoce muy poco de su historia. Acaso hay documentación que señala las estrechas relaciones con el Pueblito, y lo que llama poderosamente la atención es que se trata de uno de los pocos emplazamientos que carecen de campo para el juego de pelota.

Para compensar la falta de fuentes históricas, Machaquilá destaca por sus estelas, altares, paneles y escalinatas jeroglíficas. Además, son impresionantes sus nueve plazas con edificios ceremoniales, que colindan con un complejo residencial, probablemente de pobladores esclavos, ubicado al sur. Al norte se encuentra el río Machaquilá, importante afluente del río La Pasión, Sayaxché.

Arquitectura importante, caída en olvido

Machaquilá presenta una interesante serie de edificios, aunque los mismos no han tenido la misma suerte protectora de otros lugares mayas. Por ejemplo, la estructura 20 es la de mayor arquitectura, pero presenta serios daños en su estructura además de los indicios de haber sido sometida a un saqueo inmisericorde- El pillaje, no obstante, ha permitido descubrir algunos muros y pisos bajo la bóveda, así como bloques tallados con precisión. Hay otras estructuras de menor tamaño en la Plaza, pero a pesar de su tamaño presentan un grado elevado de destrucción y deterioro a causa de la depredación. Otras estructuras, tales como la 45 y 46 se encuentran destruidas casi en su totalidad.

Idéntico panorama presentan las estelas. Por ejemplo, la número 1 fue depredada totalmente, al cortarse la parte tallada del frente, dejando la parte posterior que tiene una superficie sin inscripciones. Se desconoce el paradero del segmento frontal que fue cortado. Algo similar ocurrió con la Estela 2, de la cual existe únicamente su parte trasera. En las partes laterales  de la escultura, todavía se conservan algunos glifos en buen estado, pese a que ha estado a la intemperie. Afortunadamente, la parte frontal tallada fue recuperada y se encuentra en las bodegas del  Museo de Arqueología y Etnología de Guatemala.

Las Estelas 5 y 10, sin embargo, desapareció totalmente del sitio, en tanto que la Estela 6 está dividida en muchos fragmentos y se desconoce el paradero de ambas, al igual que el de las Estelas 14,15 y 16. De la Estela 17 se  conservan cuatro fragmentos erosionados, en los cuales se observan  leves detalles del personaje y ciertos pedazos de texto, aunque totalmente ilegibles. La estructura que define el lado oeste de la plaza es la 50. Tiene las mismas características mencionadas antes, con la diferencia de que presenta una sola banqueta superior y es de  mayor altura. Las estructuras del lado sur de la plaza son de baja altura (1 m de altura promedio), y no presentan rasgos arquitectónicos considerables.

Los altares tampoco han tenido mayor suerte. Casi todos han sido depredados o robados del sitio, sinque se conozca su paradero.Aunque esta situación es del conocimiento del Ministerio de Cultura parece que no se hace mayor cosa al respecto. En un informe elaborado por Jorge Chocón y presentado ante el

XVI Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala,  2002 el Museo   Nacional de Arqueología y Etnología de Guatemala señala que “el sitio de Machaquila cada vez es para nosotros menos conocido, las visitas al mismo son esporádicas a pesar que es un área protegida como parque nacional, aunque desde 1989 se retiró la vigilancia por parte del IDAEH, lo que ha permitido a los saqueadores realizar sus actividades ilícitas con toda confianza. La vegetación primaria del sitio, única en toda la zona, peligra, esto debido a que no se tiene delimitado el perímetro real del parque, y los potreros que lo rodean, cada vez entran más al área central del sitio.

Es doloroso que esto ocurra en torno a un sitio arqueológico que merecía mejor destino. Sin duda, el río La Pasión conoce la historia de lo que ocurrió en este lugar hace tantos años, pero igualmente estará preocupado por el descuido e indiferencia ante un patrimonio que ya no le pertenece sólo a la población petenera, ni sólo a la guatemalteca. Ni tampoco únicamente a la de Sayaxché. Machaquilá debería ser patrimonio de la humanidad.

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