Aguateca y Contaminación Río La Pasión

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Aguateca: del esplendor a su misteriosa caída

 Contaminación Río La Pasión. La cultura Maya es una fuente interminable de sorpresas, misterios y descubrimientos y por ello llama la atención poderosamente de numerosos turistas que se acercan a Petén. Y aunque generalmente se citan los enormes hitos logrados por ciudades como Tikal, Uaxactún, Uxmal o Chichén Itzá (estos dos últimos en México), lo cierto es que hay varios sitios que apenas empiezan a revelar sus secretos e historia. Cancuén, Dos Pilas, Ceibal y, principalmente, Aguateca son algunos de los 32 lugares arqueológicos que fueron fundados en el área de Sayaxché, varios de ellos en las márgenes del Río La Pasión y de los cuales sólo se conocen algunas generalidades.

Si tomamos como referencia las principales ciudades Mayas, Aguateca viene siendo relativamente pequeña aunque posee varios conjuntos de templos, palacios, áreas residenciales, calzadas y monumentos esculpidos, según detalla el arqueólogo Erick Ponciano en su documento “El abandono de Aguateca, Petén, Guatemala”.

http://www.mesoweb.com/publications/MMS/5_Ponciano_etal.pdf

Se cree que los primeros pobladores de Aguateca llegaron hace unos 3,500 años y desde entonces distintas comunidades han ocupado el lugar, especialmente en la región de Petexbatún. Los choles (también conocidos como ”Winik”, vocablo maya que significa ”hombre o varón”) llegaron desde la parte noroeste de Chiapas y se asentaron en Aguateca. A ellos se atribuye la construcción de ciudades con monumentos esculpidos en piedra durante el período Maya Clásico (250-900 años D.C.). Otros grupos étnicos que estuvieron por esta ciudad fueron los itzaes, los yalain y los choles de Lacandón.

Durante el Clásico temprano —entre los años 250 y 300—, la región de Petexbatún fue gobernada por una dinastía local centrada en las ciudades de Tamarindito y Arroyo de Piedra. Hacia el año 600 d.C., algunas élites relacionadas con la dinastía real de Tikal, que venían huyendo de grupos asentados en México llegaron a la región, sometieron a los aguatecos, tomaron el control político en el área y expandieron su esfera política al fundar las capitales gemelas de Dos Pilas y Aguateca. http://www.mayatikal.com/senor-de-la-montana-con-hendidura-peten-guatemala-2/

Las investigaciones también han permitido identificar un patrón de abandono repentino. Todos, nobles y plebe, dejaron en las residencias los objetos artesanales, rituales o ceremoniales y de uso diario. Todo esto ocurrió alrededor del año 761 d. C., cuando el soberano Chanal Balam, de Tamarindito, al mando de un ejército combinado atacó Dos Pilas y dio muerte a su gobernante, K’awil Kan K’inich, obligando a la familia real a refugiarse en Aguateca.

El arqueólogo japonés Takeshi Inomata ha dedicado tiempo al estudio del sitio y en algunas excavaciones realizadas bajo su dirección, se descubrió evidencias excepcionales sobre los últimos momentos de su ocupación, a principios del siglo IX, lo que ha proporcionado nuevos datos sobre su producción artesanal y especialización de fabricación de artículos suntuosos. Por la cantidad de piezas y restos de viviendas se deduce que estuvo densamente poblada, hasta su repentino final.

Pese a los datos recabados, su destino no es del todo claro, aunque inscripciones en Tamarindito indican que pudo haber sido derrotado en una batalla o salió hacia el exilio. El gobernante y sus súbditos escogieron Aguateca por varias razones, pero sin duda la más importante fue su ubicación natural, rodeada de riscos y pendientes escabrosas, además de una enorme grieta que atraviesa su epicentro, y que la hacían un bastión muy seguro.

No obstante, finalmente cayó. El declive de la dinastía de las ciudades gemelas de Dos Pilas-Aguateca se nota desde el surgimiento de centros rivales en la región del Río La Pasión. Luego, el gobernante Ajaw Bot, de Ceibal, asumió el trono, aunque siguió usando el emblema de Dos Pilas-Aguateca.

Con la llegada de Tahn Te’ K’inich al poder, la preocupación de este fue construir monumentos que lo representaran como un guerrero lleno de gloria. Sin embargo, a diferencia de sus antecesores quienes pelearon contra enemigos de las grandes ciudades como Ceibal, Tikal, Yaxchilán y el sitio Ik’, entre sus cautivos no se incluyeron nunca a figuras connotadas de gran relevancia dinástica.

Empero, los esfuerzos de Tahn Te´K´inich para restablecer el orgullo de Aguateca fueron infructuosos. La ambiciosa construcción de la Estructura L8-8 fue suspendida, probablemente por agotamiento de recursos y hay vestigios de murallas defensivas y empalizadas construidas a toda prisa y de última hora, las cuales revelan que la población se dedicó a prepararse para la guerra. Estas murallas fueron colocadas de manera concéntrica alrededor del Palacio, reflejando su propósito principal de defender al rey y su familia.

Según Ponciano e Inomata, “el fin de Aguateca fue abrupto y rápido”. El enemigo que los derrotó -cuya identidad permanece en el misterio- invadió el centro y destruyó las residencias elitistas en el epicentro. Los cortesanos que no lograron huir, fueron capturados. El enigmático ejército invasor quemó el área residencial. Techos y muros colapsaron sobre los objetos que los residentes dejaron, dejándolos bajo los escombros por más de mil años. Lo que revela el Altar M, ubicado frente a la Estructura L8-8 (ninguno de los cuales fue concluido) es que el ataque contra Aguateca tuvo lugar alrededor de 810 d.C.

También se ha establecido que entre la construcción de las murallas defensivas hasta el ataque final, ocurrió relativamente rápido, probablemente en unas cuantas semanas o pocos meses. Las murallas exteriores terminan abruptamente en un área plana. El enemigo probablemente alcanzó el centro antes de que los habitantes de Aguateca pudieran construir estas murallas hasta los extremos del asentamiento.

También hay indicios de que después de asegurar la victoria, los enemigos realizaron rituales de destrucción ritual de edificios de marcado simbolismo para los aguatecanos. En el Grupo Palacio, por ejemplo, abrieron el cuarto sellado de la Estructura M7-22, la Casa de las Máscaras, y destruyeron los tesoros encontrados.

Igualmente, en la Estructura M7-32 (la Casa de los Huesos) fueron destruidos un nicho lateral, el piso de una banca y el trono real. Luego, en el centro del cuarto depositaron gran cantidad de objetos quebrados, entre los cuales había vasijas de cerámica, piedras de moler, instrumentos de pedernal, ornamentos de jade, concha tallada, figurillas y huesos humanos. Ambos edificios (m7-22 y M7-32) fueron quemados y destruidos. El ritual de sometimiento también tuvo lugar en la Plaza Principal, donde las Estructuras L8-6 y L8-7, templos que probablemente fueron construidos por Tahn Te’ K’inich, fueron despojados de sus piedras talladas.

Al parecer, el ritual estaba concebido para atacar de manera selectiva a los edificios y objetos de Tahn Te´K´inich, muy probablemente en presencia de los súbditos de este, con el propósito de humillar su memoria y, a la vez, los misteriosos invasores ser erigidos como héroes victoriosos. De esta manera, con rituales de destrucción y sometimiento, se pulverizó simbólicamente el poder y la autoridad de quien fuera el último gobernante aguatecano, provocando una derrota espiritual a los que previamente habían sido derrotados físicamente.